Elisa Fernández

Psicóloga sanitaria | terapeuta Gestalt | bailarina profesional

Acompaño procesos de cambio desde la escucha, la conciencia y la aceptación. Si algo dentro de ti pide atención, estoy aquí para acompañarte a darte aquello que necesitas.

Desde dónde te acompaño

Mi manera de trabajar no nace de la teoría, sino de la experiencia. Del cuerpo como lugar de verdad.
Del movimiento y la pausa.
De una escucha que no empuja.
Del sostén que no dirige, ni tampoco abandona.
La terapia, para mí, no es un espacio para arreglarte. Es un espacio seguro donde volver a habitarte cuando algo se ha desordenado por dentro. Donde volver a tu esencia, a tu raíz, esa que te nutre y te ancla a la tierra cuando llega el huracán.

El cuerpo, el arte y mi proceso

Antes de ser psicóloga, fui bailarina. El cuerpo fue mi primer lenguaje. Ahí aprendí lo que es la exigencia, la exposición, la autodisciplina constante y la sensación de nunca ser suficiente.

También aprendí que el cuerpo guarda memoria y que, cuando no lo escuchamos, acaba hablando de otras maneras.

Hoy ese recorrido forma parte de cómo acompaño en consulta: con atención al cuerpo, al ritmo, a lo que se mueve y a lo que se resiste.

Entiendo la terapia como un espacio vivo

Trabajo desde la Terapia Gestalt, no como un método cerrado, sino como una forma de estar contigo: presente, disponible, sin juzgarte y sin un guión preestablecido.

Cada persona llega con una historia, un dolor y una necesidad diferente. Mi papel no es decirte qué hacer, sino sostener el proceso mientras aprendes a escucharte y a responder a lo que te ocurre.

La terapia, como la danza, se construye sintiéndote y dejando surgir tu expresión más esencial, desde el lugar de tu vida en el que estés.

Cuando también eres mujer (y madre)

Como mujer, he atravesado momentos de crisis vital, la autoexigencia, la dificultad para poner límites y la sensación de irme perdiendo por el camino.

La maternidad trajo una revisión profunda: del tiempo, del cuerpo, de la identidad, de la culpa y de la idea de “poder con todo”.

La terapia me permitió sostenerme, entenderme y empezar a mirarme con más respeto.

Todo esto forma parte de mi mirada y me permite acompañarte desde un lugar tan imperfecto como humano.
Me vi a mí misma por fin, con mis luces y mis sombras, y empecé a respetarme. Y eso lo cambió todo.

¿Hablamos?

Si esta forma de estar y de acompañar resuena contigo, podemos conocernos y ver si sientes que soy la persona que puede guiarte en tu camino.
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